"Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio."

jueves, 17 de abril de 2014

Amores que delatan.


Las agendas siempre me hicieron sentir culpa.
Me encantan, creo que a todos les encantan. Probablemente sea una estrategia muy bien pensada por los fabricantes. Aunque se me ocurre que una estrategia de tamaña complejidad pero a la vez extremo simplismo, debe emanar de escalafones superiores y menos visibles. Hablo de estrategia, porque hay que aplaudir el hecho de lograr un mínimo de emoción al adquirir un objeto que posee como única utilidad el recordar obligaciones.
Nunca antes había meditado el tema en detalle, pero es cierto que me generan un sentimiento de culpa casi insoportable. Desde que supe lo que era una agenda, se transformaron en objeto de mi deseo.
Sin embargo, mi primera adquisición fue un diario, ya que aún no había descubierto el encanto de las agendas y en mi mente, eran similares.
Por lo tanto todos los días me sentaba a escribir en él. Mi diario era de Mafalda, súper progre. Yo tendría unos siete años, y a partir de ese momento fui consciente de que mi vida destilaba un aburrimiento abrumador.
El diario marcó un antes y un después en la interpretación que yo misma poseía de mi cotidianeidad.
Antes de comenzar a narrarla por escrito, yo creía que mi vida era harto emocionante. No podía evitar sentir que constantemente me pasaban cosas extremadamente interesantes. Tanto para mí, como para el resto. De ahí el deseo de inmortalizarla en papel.
Sin embargo, cuando comencé a trasladarla a mi diario me encontré con que por escrito, no sonaba tan emocionante como yo esperaba.
Evidentemente, ese diario gozaba de un público imaginario, si no no me hubiera resultado tan alarmante descubrir lo poco atractivo de mis aventuras. Para mí era claro que alguien, alguna vez, desearía leerlo. Yo no podía permitirme decepcionar a mis futuros lectores.
Todas las entradas eran más o menos así:
“Querido diario: Hoy fui a la casa de mi prima, me divertí. Me metí a la pileta, odio esperar una hora cuando termino de comer, para mí es todo mentira eso de los calambres.
Después volví a mi casa y mi mamá hizo milanesas. Me fui a dormir.
(PD: Descubrí un programa nuevo en la televisión, está re bueno y lo pasan muy tarde a la noche.)”

Probablemente ese día me había resultado muy estimulante, sin embargo como podrán apreciar, no es algo que se note al leerlo.
Lo peor era cuando me olvidaba de escribir en el diario. Por lo tanto decidía engañarlo escribiendo día a día todo de corrido, haciendo de cuenta que estaba siendo narrado en el momento. Entonces tenía que intentar acordarme lo que había hecho en la semana. Una vez que lo lograba, comprobaba sin duda alguna que mi existencia no causaba estragos mundiales como yo creía, sino que directamente me aburría hasta a mí.
Tampoco era muy devota a revelar mis secretos por escrito, cosas como “el chico que me gustaba”,  “la compañerita que odiaba”, ya que temía que quizá alguien podría llegar a delatarme si lograba espiar mi diario. De manera tal que ni siquiera era emocionante leerme en plan chimentos.
Tengo una amiga que solucionó este problema simplemente mintiendo. Por algún motivo una de las actividades que realizábamos con mi grupo de amigas era leer su diario, con ella presente por supuesto. Cuando leíamos experiencias de las que habíamos participado, nos dábamos cuenta de que mentía alevosamente por escrito, creo que nunca nada me hizo reír tanto. Pero por otro lado, también me daba cuenta de que ella había solucionado el problema que me angustiaba, simplemente inventaba la vida que le gustaría poder contar por escrito.
Como yo siempre fui fundamentalista de las experiencias reales, no podía permitirme algo así. Incluso a veces he hecho cosas sólo para poder apropiarme de la anécdota, pero esa es una patología que merece aclaraciones aparte, así que no voy a ahondar en el tema.
En fin, simplemente abandoné mi empresa a la brevedad.
Yo por supuesto ya me había imaginado a los 40 años con cajas llenas de diarios súper emocionantes. Nada en mis planes puede ser acotado,  todo siempre superlativo. No pasó, porque lo superlativo es difícil de sobrellevar, y porque llegué a la conclusión de que quizás era muy joven para que mi narración sea emocionante, sólo debía esperar unos años más y el diario se escribiría solo.
Los años pasaron y mi deseo de relatar mi vida quedó temporalmente suspendido. Hasta que descubrí las agendas.
Con esto no quiero decir que no sabía lo que era una agenda, si no que no sabía que existían agendas tan bonitas. Con stickers, dibujos, historietas, colores, estuches para papeles importantes, señaladores, en fín millones de artilugios que gritan ¡comprame ya!
Yo solo conocía las Citanova de mis padres, que eran súper aburridas. Jamás podría haber imaginado que existían agendas emocionantes.
Las descubrí aproximadamente a los diez años, gracias al cumpleaños de una amiga. Su tío le regalo una agenda increíble de Harry Potter (también era fanática de Harry Potter, una combinación mortal), lo único que pude pensar a partir de ese día fue en la manera de conseguir una igual. Mi deseo había regresado y no iba a abandonarme así como si nada. Necesitaba volver a intentarlo, con diez años mi vida ya parecía lo suficientemente ocupada, así que me tenía confianza.
Quiero aclarar algo sólo para que se entienda el tamaño de mi anhelo. Cuando yo era chica, conseguir las cosas no era tan fácil, de hecho no era para nada fácil.  Ahora los chicos piden y por lo general terminan recibiendo en cualquier momento del año. No sé si esta dificultad para adquirir los objetos deseados se debía a que transitábamos los noventa, o simplemente a que los padres antes eran menos flexibles. Pero yo sabía que si quería adquirir la preciada agenda, debía cultivar mi paciencia, y esperar alguna ocasión especial. Aparentemente la fecha más próxima en la que se me estaba permitido pedir, era la navidad. Por lo tanto realicé mis averiguaciones, le comuniqué a mis padres dónde podían adquirirla, describí exactamente cómo era y qué personaje debía de tener en la tapa, se los recordé hasta el hartazgo, y sufrí de una manera indescriptible la espera hasta las doce el 24 de Diciembre.
No quería brindar, no quería Mantecol, no quería fuegos artificiales. Ni siquiera me importaba el resto de los regalos, yo sólo quería esa bendita agenda.
Cuando abrí el paquete, no podía creerlo, estaba hiperemocionada. No podía parar de imaginar que no me iban a alcanzar los espacios para escribir tantas cosas que hacían falta programar. Sólo necesitaba esperar a que el año se termine, porque por desgracia las agendas no empiezan cuando las adquirís. Además, es físicamente imposible, porque las librerías no trabajan los 1° de Enero. Esto debe ser parte de la estrategia, no poder adquirirlas el día en que uno puede comenzar a completarlas solo les imprime un deseo mayor, el de la obligatoria espera.
Sin embargo la emoción me abandonó justamente el 1° de Enero. Ahí me di cuenta de que ya había un espacio que no estaba siendo llenado. No sólo eso, sino que no tenía absolutamente ningún plan hasta que empezaran las clases, e incluso fuera de ese día tampoco tenía demasiado más que anotar porque simplemente carecía de obligaciones. Podría haber escrito cosas como “ir al pediatra”, pero lo cierto es que igual me llevaba mi mamá, así que tampoco tenía sentido engañarme a mí misma como si fuera yo quien debía cumplir con esa cita.
Decidí no asumir la derrota. La solución que encontré consistía en utilizar la agenda como un diario. Yo estaba más que enterada de que no funcionaban de esa manera. Pero como en última instancia a mí lo que me preocupaba era mi futuro público, contaba con que dada mi corta edad el error podría ser perdonado, e incluso despertar simpatías. Así que no abandoné mi ambición. Debía narrarme.
Mi desilusión fue grande cuando nuevamente comprobé que mi vida era poco emocionante. Nada había cambiado demasiado en esos dos años. Mis actividades eran otras quizá, pero se repetían demasiado seguido, por algún motivo pasaba demasiado tiempo con mi prima y creo que lo más interesante que escribí consistía en un error del kiosquero, a quien tildaba de iluso, ya que me había dado un chupetín demás. Siendo este el clímax de mi diario, solo podía existir un desenlace previsible.
Lo abandoné el 8 de enero. Mi vida volvía a ser anónima.
A partir de ese momento de ruptura, las agendas fueron desterradas de mis posibilidades. Aunque estaría mintiendo si no confesara que albergaba una pequeña esperanza de que alguna vez podría completar alguna.
Tuve alguna recaída, pero ya sin demasiadas expectativas. Había logrado aceptar, al menos de momento, que si las adquiría era sólo debido a su belleza, no porque reamente creyera que necesitaba de sus servicios.
Sin embargo mi idilio con la planificación escrita no termina ahí. Incluso podría decirse que aún posee esperanzas. Amores que matan nunca mueren, y si delatan ni les cuento.
Hace un par de años, casi sin darme cuenta, porque la adultez a veces funciona de manera invisible, comencé a notar que contaba con varias obligaciones. Mejor aún, me las olvidaba.
Fechas de parciales, finales, citas médicas, algún evento. Tampoco eran millones, pero ya eran algo. Digno de recordar, digno de narrar.

Decidí tomarlo con calma, ya que no quería dejarme engañar nuevamente. No quería adelantarme a los hechos, así que me compré un cuaderno. Uno muy lindo, con tapas de plástico y hojas gruesas para que el trazo de la birome me salga semielegante. Además se me ocurrió que era mejor un espacio no estructurado, algo que no delate tan de golpe que la mayoría de mis días no estaban repletos de responsabilidades o citas elegantes. Así mi espectador imaginario sería engañado, ya que al carecer de fechas, podría parecer que todo había sucedido al mismo tiempo y lograría entretenerlo, incluso emocionarlo.
Debería haber sospechado que la desestructura sólo llevaría a la desestructuración de mi propósito. Debo reconocer que intenté anotar lo relevante, pero era sólo cuestión de tiempo hasta que comenzaron a aparecer trazos que no poseían relación alguna con el mundo de las obligaciones. Listas de películas que me gustaría ver, libros que me quiero comprar, letras de canciones, un intento de dilucidar cómo gasto mi sueldo, una receta de galletitas que nunca hice, un dibujo de Goku, direcciones aleatorias de lugares a los que no recuerdo haber ido, etc. Peor aún, lo extravié. Evidentemente aún era muy pronto para aventurarme de nuevo.
Así que esperé un año más. Cada tanto me cruzaba con alguna vidriera que las exhibía, intentaba no mirar. Deje pasar ese año, también el siguiente. No anoté absolutamente nada, en ningún lado. Me olvide de todo, ahora creo que probablemente buscaba este resultado. Quizá si lograba olvidar algo lo suficientemente relevante, mi deseo se vería ampliamente justificado. Ya no sería un intento inútil, sino uno necesario.
Este año decidí aventurarme nuevamente, creo estar preparada. Además me di cuenta de que quizá me presionaba mucho. No es necesario llenar todos los espacios, porque ahora creo que lo que queda en blanco me imprime un halo de misterio. Probablemente mi espectador se pregunte dónde estoy cuando no estoy en mi agenda.
Sin embargo, a pesar de toda esta valentía repentina, voy a reconocer que no la compré, me la regalaron. Probablemente sea eso lo que me propició el empujón que me hacía falta. Ya que así la decisión no parece pertenecerme del todo, por lo tanto el fracaso tampoco será de mi entera autoría. La victoria, es otro cuento.  
En fín, voy cuatro meses. Anoté algunas cosas, más que otros años, debo reconocer. Me las olvidé todas, porque no la leo nunca y porque por lo general tampoco la llevo a ningún lado, por lo tanto todo termina anotado en cualquier papel.
Anoté una serie de turnos médicos, un poco los pedí a propósito, quería estrenarla y la facultad aún no comenzaba. Debo reconocer que me llevé una gran decepción al comprobar que el centro médico me mandaba mensajes de texto recordándome que tenía turno ese día, a determinada hora, con determinado doctor. Pensé llamarlos para pedirles que por favor no me los manden más, que estaban inutilizando mi agenda por completo, me pareció que un acto de ese tipo sólo podía derivar en un turno de cortesía con algún psiquiatra, así que me abstuve.
Por otro lado, y esto es lo preocupante, voy a confesar que falté a todos y cada uno de esos doctores, no una, dos veces.
Por lo tanto, ahora entiendo todo. Las agendas ya no son, quizá nunca fueron, las delatoras de mi falta de responsabilidades, de mi falta de citas elegantes o de mis nulas o escasas obligaciones.
Son eternas testigo de mi crónica irresponsabilidad. Mi espectador imaginario sólo podrá arribar a la conclusión de que, o bien estaba muy enferma, o no podía evitar faltar a todo, a pesar de haberlo escrito con meses de antelación.
En fin, siempre me generaron culpa, pero qué lindas que son.








lunes, 22 de octubre de 2012

Procrastinar all the way.

Tener que estudiar, momento donde soy altamente productiva. Exceptuando la parte de estudiar.

lunes, 15 de octubre de 2012

Locuras lunares


Antes había bicicletas lunares. Exagero y mucho, cuando hablo en plural. 
Antes, había una bicicleta lunar. Mi (nuestra) bicicleta lunar.
No existían las facturas a mi nombre, vos no tenías que pagar el alquiler. Tener más de cincuenta pesos era impensable y si los había, no se sabía bien de dónde habían salido.

Los esfuerzos mentales son inútiles cuando se trata de reconstruir cómo llenábamos los días.
Estoy casi segura que intentábamos hacer algo, aunque no sabría expresar exactamente qué.
Por desgracia, la bicicleta lunar desapareció el día que nos enteramos que el CUIL poseía utilidad más allá de su condición numérica.
Ella no siempre fue lunar, de hecho nunca lo había sido. Su lunaridad se hizo presente de un minuto a otro, de forma tan imperceptible que me atrevo a asegurar que solo se lunarizó para mí. 
Es que vos siempre fuiste más de reírte, y yo siempre anduve cazando señales.
Una vez más me habías convencido de que era absolutamente necesario comprar cigarrillos a altas horas de la noche. Yo, que soy de analizar y no por eso tengo buenas ideas, decidí que podíamos ir si y solo si íbamos en bicicleta, bicicleta lunar.
Deberíamos haber caído en lo inviable de la idea cuando nos tomó quince minutos lograr estabilizarla para que le sea  posible transportar más de un ser humano.  O cuando nos caímos en una avenida, o más claro aun, cuando a lo que normalmente debería haberle llevado quince minutos ser finalizado, ya le sobraban veinte.
Yo creo, lo creí también ese día, que todo eso no importaba. No importaba porque hacía calor, porque parecía no existir nadie más en el mundo, porque nos caímos y más importante aún, porque nos reímos, y nada presenta mejor a un ser humano que saber de qué se ríe.
En fin, ahora no se sabe a dónde fue a parar la bicicleta lunar. Ojalá algún día los CUIL simplemente se extingan, porque solo así ella revelaría su escondite.



martes, 1 de mayo de 2012

Martes como Domingos

Hay cosas que nunca deberían haber pasado, como Palito Ortega.

domingo, 23 de octubre de 2011

ficadosign

Era un día gris. Increíblemente las nubes nunca fueron tan blancas.
A veces el clima no es más que una sensación.
La sensación de que no hay tiempo, no alcanza, no se puede.
La redacción interior de todo lo que te llevó a ese momento. Todas tus carencias de responsabilidad agrupandose, y lo único que se atina a pensar es "Así no, ¿Por qué la culpa no me atacá antes de encontrarme en esta situación inabarcable?, ¿por qué, cuando debería haber tenido un atisbo de disciplina, me dediqué a mirar las flores?.
Yacen frente a uno miles y miles de reproches subyacentes, pero impresos.
La peor parte de la situación es que frente a la presión, solo se desea dormir.
Decidí abandonar la biblioteca, ese calor artificial de las estufas y el aroma a libro viejo, solo me invitaban a fantasear.
Te llamé desesperada, y tus palabras solo lograron hacerme sentir que ahora, le fallaba a alguien más.
¿Por qué será que uno, ante las capacidades que le designan los demás, simpre se siente un farsante?
En fín, como todo lo que me pasa (así como también lo que no me pasa), tenía que darse algo totalmente posible. Pero en mi mundo, siempre interpretado como algo fuera de lo común.
Y ahora sí, lo maravilloso.
Una vez más, a pesar de mi amplia experiencia en materia de trenes, tomé el tren equivocado. Acontecimiento que simplemente provoca esperar el siguiente en una estación totalmente desconocida.
Ahí estaba yo, desesperando, esperando y, como siempre, observando.
Cuando una frase saltó, casi de manera frenética de los escaparates de un puesto de diarios. Aquellos que cuentan con revistas prehistóricas que aparentemente nadie quiso, o simplemente el diariero solo desea mostrar y nunca vender.
"Lo que no es, podría llegar a ser".
Lo que no fue, siempre es, o lo que no es, me pasa.
Y a mi, que me encantan los significados insignificantes, me regaló una sonrisa.
En fín, el tiempo seguía igual de insuficiente, el material inabarcable.
La nota no reflejó más que eso, pero lo gris se escapó.

(estudiar a útimo momento, a veces, no es más que un tema climático)

lunes, 3 de enero de 2011

AcEnto

A mi quizás me encantaría tener a quien consultar. Si yo pudiera descifrarlo me sentiría poco especial, ser especial es mi especialidad. Creerme especial es aun más facil que serlo.
Siempre me encuentro pensando algo fuera de lugar, o quizás si yo pudiera consultarte no se perderían mis pensamientos así, tan alados como están.
Mente en blanco, si no pienso, pienso que no pienso y entonces pienso. No no, no se puede concebir tal acrobacia mental. Si me hubieran explicado alguna vez lo dificil de no pensar pensar(te), lo hubiera considerado así y todo.
Y ahora todo se tradujo en buscarte un lugar. Ahora no, mañana tampoco, ayer no se podía.
¿En que lugar podría sentarte a esperarme entonces? Me encantaría contestar, pero contaba con tus respuestas, no así con las preguntas.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

robo

"Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano. Y es solitario."

"Escribir es intentar comprender, es intentar reproducir lo irreproducible, es sentir hasta el final el sentimiento que de otro modo permanecería apenas vago y sofocante. Escribir es también bendecir una vida que no fue bendecida."

"Nací para escribir […] Cada libro mío es una estrella penosa y feliz. A esa capacidad de renovarme por completo a medida que pasa el tiempo la llamo vivir y escribir."

"Tengo varias caras, una es casi bonita, la otra es casi fea. ¿Qué soy? Un casi todo.- Incluso para los que no creen existe la pregunta vacilante ¿y después de la muerte? Incluso para los que no creen existe el instante de la desesperación: que Dios me ayude. En este mismo instante estoy pidiendo que Dios me ayude […] Que venga, Dios, que venga, aunque no lo merezca, que venga. Soy inquieta, celosa, áspera, desesperanzada, aunque tenga amor dentro de mí. Sólo que no sé usar amor, a veces parecen astillas. Si tanto amor recibí dentro de mí y continúo inquieta e infeliz es porque necesito que Dios venga. Que venga, antes de que sea demasiado tarde."

Clarice Lispector

martes, 7 de septiembre de 2010

Un cronopio es una flor.


Yo lo intenté, te juro que ésta vez puse todas las ganas de las que soy capaz. Pero no te entiendo, y creo que nunca voy a ser capaz de entenderte tampoco.
¿Qué necesidad podés tener vos de llegar así sin más, y casi casi arrebatarme mis sonrisas?. Habiendo tanto sádico (porque otro adjetivo no los describiría mejor) que disfrutan tu azotes, vos elegís instalarte justo justito encima mio.
Porque ni siquiera tenés un mínimo reparo como para situarte al costado. En útima instancia adelante, como para que yo te vea llegar. No, vos necesitabas caerme como una catarata polar. Porque sos así, egoísta, y obvio no creo que te importe mucho nada.
Otra vez sentir que mis manos perdian presencia, que mi piel olvidaba sus pigmentos. Ni hablar quiero de mis huesos, pobrecitos, pensé que esta vez no iban a dejar de sentir tu agresión.
Pero bueno, yo lo intenté y vos no te dejaste convencer. Creo que incluso te ofendiste, porque me maltrataste como nunca. Y no me vengas a decir que el amor, que las sonrisas, que las palabras. Esas son todas hazañas de la primavera, que a pesar de tu crueldad, a veces se escapa un ratito, para ilustrar el día como corresponde.
En fín, te quise encontrar tus virtudes, pero es tiempo de aceptar que hay cosas que solo existen para que lo dulce sea mas dulce, lo insólito más insólito, y lo inocente más inocente. A lo bello ni lo nombro porque personalmente creo que ese tipo de cosas no necesitan un antagonista para brillar. Una sonrisa es una sonrisa, y no necesita de la tristeza para encontrar partidarios.
Lo único que se me ocurre a tu favor es que tus estadías, solo se prolonguen unos meses. Y que por suerte tu maquiavélico plan de apagarnos un poquito, se quede sín refuerzos a último momento.
Y ahí si, ahi sí que todo vuelve a ser un regalo, por días como esos es que se amanece.

jueves, 13 de mayo de 2010

Tapita


Estaba ahí, y yo también andaba por esos lugares cotidianos. Pero ella no estaba en su lugar. No tenía nada que ver su presencia en mi día y menos que menos en mi espera.
Una vez más había salido tarde, tarde siempre tarde. Porque aunque sea temprano los miercoles se encargan, casi como si fuera su único proposito de ser, de pasarme al mundo de los tarde.
Yo ya ni corro para subirme, o al menos intentar subirme al tren. Porque si es miercoles, ya sé que de una u otra forma, algo va a retrasarme. Así que voy en son de paz, y me tomo las cosas como de quien vienen. No por nada los miercoles se llaman justamente miercoles.
Pero no es el punto, porque hasta ahí yo ya había asumido mi realidad, y estaba "bien", entonces ella.
Yo ya me había estado preguntando por ella, ¿donde estaría?, ¿cual había sido su suerte?. Todos los que alguna vez se dirigieron a rendir un examen, y más un examen para el que uno no está del todo calificado, saben muy bien la odisea que esto presupone. Desde descubrir media hora antes que de hecho si, la fotocopía que te parecia sumamente innecesaría es nada más y nada menos que el eje de toda la cuestión, y por supuesto podés tener una fabrica de biromes, pero ese día, todas decidieron tomarse el día.
Mi creadora me profirió el grito salvador, bendita ella que todo lo guarda, todo lo ordena. "En el cajoncito negro, ahí puse tu birome", nunca falla. La birome me esperaba asomandose timidamente en el llamado "cajoncito negro", que de cajoncito no tiene nada. La arranque de su descanso, sin antes notar que había perdido a su compañera, la tapa.
No se en que momento comenzo esta metamorfosis de la que soy victima, antes no me fijaba en cosas de este estilo, pero ya no me gusta verlas sin tapa, me da la sensación de que quizá tienen frio, o peor aún, se sienten un poco olvidadas.
Birome negra, porque cuando uno crece ya no usa tinta azul. Es la forma de revelarse a todos esos años de educación obligatoria, donde usar birome negra te hacía sentir pariente de Judas.
Me la llevé conmigo, siempre pensando en que su tapa había caido en las fauces del tiempo. En fin, llegando tarde, mirando las vias, pensando en las ínfimas posibilidades de viajar como un ser humano, y de repente ahí estaba la tapa.
Ahí tirada en las vias, junto a miles de colillas, algunas botellas y ¿por qué no?, algún que otro papel olvidado.
Pero ella no era su tapa hermana, porque ella era de color azul. Pensé, primero que la gente fuma mucho y yo de hecho yo también. Luego que la gente toma demasiado, y bueno si, yo de hecho también. Y por último, importantísimo, pensé que quizá ella era el alma gemela que mi birome ansiaba encontrar. Pero no se podía, porque la birome habia quedado rezagada al fondo de la mochila, junto con otros artilugios que prefiero no revelar, y la tapita se encontraba ya en el mundo de los trenes.
Por un momento, para nada breve, me imaginé yo audaz heroina, zurcando los aires. Las miradas de los futuros pasajeros clavadas en mi persona, rescatando a la timida tapita de su solitario futuro. Por supuesto, todo esto con el tren resonando a mis espaldas, a segundos inminentes del fin. Pero todo sea por el reencuentro de dos almas que se buscan navegando mares de tinta.
Negro y azul, azul y negro, si, era el destino. Yo podía ayudarlas, yo podía...pero quizá era una contienda demasiado arriesgada, ni siquiera estaba segura si era esa la tapa correcta, ¿y si el tren...?, y que pasaba si despues de todo eran almas gemelas, ¿como iba a despegarlas para escribir?. No, ni pensarlo.
Creo que tuve incluso miedo, y me sentí egoista. Pero mi birome no habia visto la tapita en cuestión, y seguro se estaba divirtiendo mucho con los demás útiles varios. Así que mejor no, mejor no.
Es que a veces uno ya sabe que si salta, no va a poder volver. Porque nadie es gimnasta, y los que se supone lo son, siempre son rusos. Si tan solo fuera rusa, pero no me sucede. Por lo tanto, saltar en reversa no siempre se puede.
¿Y si saltaba?, yo no quería saltar, porque sabía que entonces no me iba a poder despegar ni de la tapa, ni de la birome, ni de las vias, y menos de vos.
Entonces mejor me subo al tren, entonces mejor escribo. Entonces mejor, busco tapas del mismo color, o tapas de otra marca. Bueno, quizá no son las tapas ideales y quizá no son las tapas con las que mi birome sueña cuando mi señora madre la deposita en el "cajoncito negro". Pero son tapas, y a veces uno necesita saber que si salta, ese salto no es mortal.


El veredicto de un anarquista de confianza fue simplemente "Las tapas son para giles". Y si, tiene razón, las tapas son para giles.

martes, 11 de mayo de 2010

Idilio


Amante caprichosa que sos tontita eh!, se ve que nos hacia falta un tiempito de paz para entendernos mejor.
Perdoname las ausencias, ya sé que no te fui a ver nunca más. Pero ya está, ya me desenoje.
Gracias por el entretenimiento, y más gracias aún por la ayuda en la fotocopiadora. Vos si que sabés hacerte querer cuando tenes ganás.

lunes, 10 de mayo de 2010

extraterrenalterrestrevisitante

y sonaban, sonaban una vez más acordes amigos de mis oidos.
Soñaban para mí, si, porque yo los había llamado. Los había invocado pronunciando sus maravillosos nombre de pila, nombres que para mí siempre les quedaron chicos.
Es que siempre suenan distintos, logran sorprenderme de maneras que no podría ni llegar a imaginar. Me atrapan cuando corro y me golpean, me dejan con la primavera rozando mis pies.
Y me decías, ¿Como era lo que me contabas?. Preguntabas más que contarme. Preguntabas ¿te acordás?. No, no lograba recordar. Una promesa que no hice, o que te hiciste y yo simplemente podía imaginar, que no era quien soy cuando lo prometí.
Muchas veces no soy lo que soy, y entonces los recuerdos ya no se quieren dejar recordar. Imposible imaginarlos, es que tan lejana, así, lejana debe ser mi nombre cuando no soy lo que soy.
Igual, aun así, cumpliste con tu promesa. Yo quizá también.
Lejana me había comenzado a invadir, una vez más Lejana. Ay! de repente las palabras ya no sabían hablar.
Y sonaban, sonaban sin descanso y vos me decías que los numeros no son tan malos, y yo que ropa sucia afuera. Y vos que que le hablabas a Lejana, y yo que me gritaba para no alejarme. Gritos, gritaba rubia tarada bronceada aburrida, escuchame alguna vez, prestame atención, esta vez jugas de visitante. Y no, esta vez el barrilete no va a encontrar un viento favorable.

lunes, 3 de mayo de 2010

brillo que te brilla, que me brilla luciernaga.
brillaba el sol, o ¿brillabas vos?

jueves, 1 de abril de 2010

Pequeño (infinito) mundo


Pasillos, pasillos, pasillos de incomensurables palabras. Caminás, y al principio no es tan facil entregarse a este mundo, que de pacífico nada le queda. ¿Autoayuda?, no, de auto aca no hay nada, si el que te ayuda te INTOXICA. ¿Romanticas quizá?, mmm no les creo, mi principe azul siempre fue policromático. ¿Y si me entrego a la fantasía?, ¿Que necesito hoy?¿Perderme o encontrarme?. Ay julio!, hola ¿como estás?, disculpame no te ví. ¡Me encanta! a vos siempre te quieren ordenar, y nadie se da cuenta que sos un aluvión. Sabés que estuve hablando un ratito con Milán, también charle con algunos nuevos personajes, me cayeron intrigantes te quiero contar. Pero no, tenés razón, hoy es tu día, ¿Cuando no es tu día cronopio preformativo?.
¿Vamos? si, acompañame, me convenciste una vez más (buena fortuna si la hay). ¿Cuanto?, y bueno ya está, nadie me cree y no me caigo bien cuando me niego una sonrisa. ¿Estás cómodo corazón ahí adentro?, perdoname. Yo te llevaría de la mano, para presumirte nomás, no te quiero mentir. Pero me sedujiste y no me gusta compartir, tené cuidado con las llaves, no vaya a ser cosa de que te lastimes y después las frases me queden todas coherentes.
¿Sabra toda esta gente lo que llevo?, ni por asomo se imaginan el universo que estoy por descubrir. Yo menos que ellos, siempre te imagino y vos te me desimaginas, ¡ay si! si ya sabés que eso es toda la cuestión. El problema y la solución.
Llegué, que interminables pueden ponerse los minutos cuando uno carga con el universo. Hola, ¿que tal?, ¿a donde voy?, no sé, le pregunte pero no me quiso contar. No me llamen, no me busquen. Hoy es SU día, 24 horas no se le niegan a nadie, o para abandonar mi orgullo un ratito, espero él no me las niegue a mí.
¿Es esto un atajo de irrealidad?, espero si la irrealidad (siempre tan real la tuya), pero un atajo no es necesario. A mí el camino me tiene enamorada, no quisiera acortarlo ni por azar.
Mi almohada, mi silencio, mi rayito de sol que delata las estaciones, mi mate que hoy está más rico que nunca, ¡No me olvido! sobre todo vos...
¿Es esto un idilio unipersonal?, ¿Te podré negar alguna vez una sonrisa?, ¡Ay yo se que no!. Como bien dijiste vos, "Andabamos sin buscarnos, pero sabiendo que andabamos para encontrarnos", ¿Encontraría a la Maga? cuando no...ella siempre tan Maga.
Chau, me perdí. Y que lindos colores, y como te extrañé, ¿que me decís? ¿Me invitas a tomar el té sombrerero?, es lindo París en otoño...

miércoles, 31 de marzo de 2010


"Yo siempre saco seis" o algo así. ¿Algo así fue lo que se me ocurrió? No recuerdo.
Es que no, no es que no me quiera acordar, me encantaría ¿sabés?. Pero es que estaba así, tan tan y no sin sin. Innegable, culpable me declaro, parte de lo que al tiempo le falta, me lo supe robar yo.
Me sobraba el tiempo, me sobraba lo que por siglos me faltaba. Y digo siglos, no hablo de años porque después aprendí a contar, y esos si que fueron siglos. ¿Cuantos minutos en un siglo corazón? no te escuché; que importa si para mi los numeros son tan descorteses, al menos a mi siempre se me negaron.
Pero es que tenías mucho corazón, y para mi eso fue un golpe más que necesario. Será que lo que me gusta de los espejos, es que nunca me dan la razón. Será que fuiste un fiel reflejo, y verme, verme así en cuarta dimensión, no me terminó de pulir la sonrisa.
Será será me digo, pero ¿vos viste como es la irrealidad?, un día te despertas, y una voz te pide que le expliques como jugar a la escondida, y sin ir más lejos te pregunta ¿que pasó hoy mi amor con tus lapicitos de colores? no les sacaste punta, a vos que tanta alegría te genera imaginar...
Un melodrama, ¿o el drama de todo un frutero?, el drama de un invierno que se niega a sentirse primavera. En fín, aprendí. Un seis, no es más que un seis; y sacar siempre seis es un poco pretencioso, hasta para mí, que no me sale bien pretender y menos disimular.
Así que ahora a veces saco un cinco, o un tres e increiblemente de vez en cuando, a pesar de tener un solo dado tan común como todos los demás, a veces me sale el 35.
Si, sacar un 35 siempre es un golpe de suerte. ¿Buena o mala?, no sé, después te aviso.

lunes, 29 de marzo de 2010

La bendición del perla multicolor



Yo creía en los reyes magos, increíblemente cuando contaba escasos años le plantee a mi creadora, con vocecita de pequeño terremoto "mamá, ¿como puede ser que no existan loo fantasmas pero que un gordo vuele y me traiga regalos?", con temor de verse invadida por mi presencia miedosa en su cama cada noche de allí en adelante, mi mamá me tuvo que confesar, "no solcito, no existe papa Noel". Ni mencionar que quise, cual infantil Jesucristo, propagar mi nuevo evangelio, y bueno, me sentí el chavo acusado de ratero. Ningún compañerito me quiso creer (¿ven?, ya sabía yo que el tiempo me iba a dar la razón).

En fin, todo esto solo contribuye a mencionar, que no fui capaz de hacer la asociación lógica, y a pesar de saber que el gordito rojo no era posible, los reyes magos si tenían sentido. ¿Era un poquito positivista de chica? ver para creer diría yo. La evidencia empírica era innegable, ¿que paso con el pastito?, ¿y el agua?, ni hablar de que mis zapatillas habían sido movidas estratégicamente. Todo indicaba que si, que existían, así que a ellos si le podíamos pedir lo que sea.

Como toda persona que puede contar con una infancia, con mi hermano mirábamos mucha tele, pero de esos dibujitos que si eran inocentes y contribuían a la formación de un ser humano digno, derecho y responsable(?). En fin uno a uno, importado, nacional ¿no era lo mismo? (o así parecía), tanto fue así que tuvimos que pedir el "barco pirata de Fisher Price". Si, no cualquier barco pirata, tenia que ser el de Fisher Price.

Después me enteré que conseguir ese barquillo fue una especie de "regalo prometido tercermundista", también me enteré que no fue el pedido más económico posible, pero repito, todo parecía indicar que corrían por cuenta de los reyes magos, que bueno de reyes nada, y magos ni hablar.

En realidad el barco era de mi hermano, pero en mi comunismo unipersonal yo consideraba que también era mío, así como las cosas de mi mamá, las de mi papá y ¿porque no las de mi abuela?

Ese barco si que era un regalo, primero y principal venia en un caja inmensa. Yo considero que aunque a uno le regalen una birome, si es envuelta en una caja inmensa genera otra sensación, y ni hablar del abanico de posibilidades que después presenta la caja (pero eso es otra historia). Lo interesante es que eran piratas, no buenos marineros, y como dice Joaquín "Pero si me dan a elegir, entre todas las vidas, yo escojo la del pirata cojo. Con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo. El viejo truhán, capitán, de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera.".

El barco contaba incluso con una tabla para deshacerse de los traicioneros al código pirata; traía tripulación, un capitán con pata de palo y loro, por supuesto algún que otro anciano (la sabiduría a bordo), algunos tripulantes con cara de tontera, un cañón y sus respectivas balas (el cañón las tiraba en serio), escotilla, timón, cubierta, incluso un barco auxiliar (que también contaba con cañón). ¿Que no traía ese barco?, no le faltaba nada.

Como todo juguete, lo exprimimos hasta que no quedo nada. Pasó por varios estadios. Primero lo usábamos como se suponía, había que usarlo. Después descubrí que ¿por qué no?, también podía ser un crucero de lujo. Así que gracias a los muñequitos kinder una nueva tripulación llegaba para disfrutar de un viaje de placer (muy snob lo mío, I know). ¿En que no se transformo ese barco?, creo que no me quedo nada que imaginar.

La mejor parte fue por supuesto, cuando (nueva cortesía de los reyes) la pelopincho se transformo en un mar lleno de aventuras y el barco, por primera vez, cumplió con su función real; aunque no la cumplía muy bien que digamos, se ve que no estaba fabricado precisamente para ser un barco hecho y derecho, pero se podría decir que no naufrago (fundamental).

Hace poco, vi un barco parecido. No era el mismo, pero si era muy similar y también tenia una historia muy similar. Había un nene, que me hizo acordar mucho a mi, a mi hermano, a mi barco (su barco ejem), a los piratas, las historias que me inventaba (uno cuando es chico no se da cuenta pero pasa horas en silencio, tranquilito, si se pudiera ver lo que sucede en la cabecita Spielberg jamás hubiera ganado tantos millones)...en fin me vi jugando con el barco y me vi un vez más pirata.

Así que tuve que preguntar, no me quedo otra opción. "Mamá, ¿que pasó con "el barco pirata de Fisher Price"?, "se partió a la mitad María Sol, (si, mi mamá me dice María Sol, no hay mucha confianza parece)¿no te acordas?", se ve que lo disfrutamos, tanto que lo partimos (?).

Hoy creo que me gustaría tener ese barco, aunque le falten todos sus accesorios, aunque ya no tenga capitán, aunque cual Titanic, solo exista dividido. Quizá más me gustaría regalarlo, pero bueno ¿sigue existiendo Fisher Price?, y si existe ¿Cuantos dólares saldrá ese barquito hoy?.

En fin barco, gracias, sos una parte de mi infancia más que atrayente. Espero que tu naufragio haya sido muy piratesco y que tu capitán se haya hundido con vos.

"Aaah del barco camaradas!”




Aclaración uno: la foto la saque de por ahí, y ahora que lo miro bien, no recuerdo que me haya traido una balsa. Me siento estafada.
Aclaración dos: Dice ages 4 - 7, ¿debería sentirme medio imbecil?

domingo, 28 de marzo de 2010


A veces sucede, que por designios indescifrables de fuerzas más indescifrables aún, ciertos mundos me son totalmente vedados.
Es casi natural en mí no lograr retener por mucho tiempo una ubicación tecnológica determinada. ¡Bienvenidos al mundo de la tecnología!, anuncia un inmenso cartel, similar a aquellos verdosos que llevan dentro, como una macabra contradicción, el final de un viaje (o el comienzo de la llegada).
En fin, creo que una vez más, malinterpreté los mapas, o quizás los mapas simplemente me malinterpretaron. Porque jamás divisé el susodicho anuncio.
Es casi un don, diría yo, me encuentro sucesivamente comenzando un nuevo registro telefónico. Ya que a pesar de haber aceptado, casi como una inevitable condena, tener la certeza de que a ese nuevo aparato telefónico le ha sido brindado, desde el momento en que se depositó en mis manos, un oscuro e incierto futuro; es el día de hoy que no he aprendido el precavido arte de transcribir mis registros a un fiel trozo de papel. ¿Quizás porque no estoy lista aún para aceptar mi naturaleza despreocupada?, ¿quizás porque la acepto de forma tal que sé que el papel también será extraviado?, no lo sé. Quizás solo no tengo ganas de realizar dicha tarea.
De cualquier manera, me sucede, y se evaporan, y con ellos se evapora gente. Pierdo amistades inesperadas, con las cuales solo comparto éste frágil puente numérico, solo que siempre olvido mencionar lo sumamente temporal del mismo.
Sin embargo, cada número, poseía sus propios puentes, algunos fueron recuperados sin mayores hazañas, después de todo, son puentes sumamente necesarios. Sin ir más lejos, los más necesarios decidí grabarlos en mi memoria; ¿Decidí?, bueno en realidad, ellos lo decidieron, presumo que son imborrables.
Pero otros, esos desaparecieron. Me divierte pensar a veces qué sucedería, si todos mis números decidieran volver. ¿Cuántos puentes esperando una orilla encontraría tendidos? Quizás ninguno, quizás me sorprendería, o algún inesperado sentimiento me vendría a reclamar. En fin, no lo sé, dudo algún día saberlo. Pero desde mi costado metafísico, o cósmico, o loco, cualquier palabra es buena, creo que esos puentes decidieron que era momento de abandonarme, que algunos de ellos ya no eran necesarios, o escondían ingratas sorpresas al cruzarlos.
Sea como sea, desaparecieron, y yo al cosmos no le discuto, porque sino se enoja y se pone muy confuso. Porque es jodido nomás lo hace, se divierte un rato mriandome mientras intento descifrar señales inconclusas. Por suerte después volvemos a ser amigos y me ayuda un poquito.
Ahora miro a mi derecha, con la única que se me ha permitido escribir (la izquierda por algún motivo, nunca fue poseedora de una gran imaginación), y le sonrío un poquito a mis números nuevos. No confundamos los tantos, le sonrío a los números, no al estuche que indefectiblemente se encuentra condenado. Y pienso con una extraña convicción, que esta vez, si se van a quedar conmigo un ratito más.
Debe ser porque es un lindo día, o porque tu música (sobre todo esa canción) suena en mis oidos, o debe ser esa palabra que me llegó, muy inusual por cierto, debo decir, tu palabra. Debo haberla escuchado pocas veces en este cuerpo, pero dudo que alguna vez la olvide.
En fín, no sé, algo en estos números me hace sonreír un poquito, o simplemente son mis ansias de cruzar un ratito.

Welly welly well


Una contradicción, vivo respiro a contradicción. Me dijo “si va a viajar a contramano, ¿para qué un cinturón?”. Usted señor, es que usted no entiende. Si yo no entiendo, ¿como me va a entender usted?. No me malentienda, a mi me hacen falta sus abrazos. A mi me gustaría una caña de pescar, creo que me gustaría alguna que otra navidad. Creo, o me gustaría quizá tenerle fe a mis acciones.
Yo sé que usted me sueña, no me conoce. Y yo lo sueño, lo sueño conciente de mi inconciencia, pero si me gana a veces por un segundo mi realidad, entiendo que lo sueño a pura vigilia. Lo sueño, porque creo que usted podría llegar a curarme, y a mi (¿a quién no?) a veces me seduce la idea de sanar, aunque en el fondo sé que no me quiero curar. Y me veo viajando, cantando, soñando, cambiando, jugando. Usted, ¿quiere jugar?. Yo lo invito. Le regalo mis dados de colores, o mejor se los presto, yo se que algún día va a necesitar devolvérmelos.
Porque sí, porque yo los regalaría con todo gusto, los regalaría a cualquiera que no me pregunte las reglas. Pero resulta, y es un resultado no casual casi causal, que a nadie le gusta vivir jugando. Quizá si les gusta prestarse a un par de turnos, pero engañados comienzan y desengañados se enojan, desengañados se alejan, desengañados por un engaño que no pretendía tal título. Yo señor, yo le aviso, a mi si me gusta vivir jugando. ¿Me gusta? ¿Le gusta a las mariposas vivir un día y morir diez noches?, yo no sé. Quizá es todo lo que ven, es todo lo que saben mirar. No me empuje del tablero, no me quiera robar las fichas, no me despoje de mis turnos. ¿No ve? Es lo que une mi sentir, no quiebre mis sentidos, se lo pido por favor. Si yo no quiero despojarlo de sus corbatas, yo no pido que usted rebautice su expresión. No me pida lo que no se inventar, y menos me lo pida si es que usted sabe que me hace falta inventarlo. Así que yo me voy a dejar arrastrar, y cuando mis pies ya no resbalen, y cuando este camino ya no se deje colorear, entonces usted por favor continúe, y yo, o quizá alguien más le regale un adieu.

sábado, 27 de febrero de 2010

adestiemposeñor

Así somos, asi estamos, así queremos, sobrevivimos o vivimos o existimos o soñamos, viviendo lo que soñamos, soñando lo que vivimos.
y quizás quiero, quizás no es solo posibilidad, porque es hecho que quiero. Y sí, siento, pena siento de pensar, más allá de pensar, de querer.
Sin razonar, porque solo así podria eliminarlo, de innevitablemente pensar, que me gustaría, gustarias, si existiera un tiempo.
Un tiempo que no fuera el mio, o un tiempo que no fuera el tuyo, tiempo ajeno, tiempo mentiroso.
Tiempo que nos mienta, que nos invite a pensar, no, a creer y no pensar, que existimos al mismo tiempo.
Que mi tiempo es tuyo y el tuyo es mío simplemente por ser tiempo y nada más existe que aquellos minutos inventados.
Y cuando no son inventados?, y si corrieran en realidad?, entonces, solo así se nos escapan. Porque existen, porque importa y porque todos pueden sentir su rapida huida.
No es cobarde, no está mal, no lo está porque en mi no existe, porque en vos no existe un juicio semejante, quizas no existe ningun juicio y eso me lleva a querer creer que creo lo que ese tiempo me puede regalar.
Un viaje con vos, un encuentro oportunamente inoportuno, una palabra demás, una palabra justa aunque injusta con todo lo demás, y un abrazo, si, nada más que un abrazo que me diga lo que no puedo escuchar, porque es mejor a veces naufragar sin palabras que te aten. Y que te explique mis palabras siempre presentes en impacientes escritos, y no dichas, y no claras.
Aunque claras serán, porque llevan tu esencia y la mía, y mi tiempo y el tuyo, y un tiempo que no existe.

Colores *


Un lápiz amarillo, yo sentado, divagando sin rumbo, esperando, y ella, así como quien se cree totalmente inocente, decide amarrar su cabellera con un lápiz amarillo.
¿Acaso pretendía esa señorita volverme loco? Esto no podía ser posible. Además, como si no bastara con el lápiz, parecía que no estaba dispuesta a dedicarme una mirada.
Yo, no sería tan orgulloso como ella, yo si me permitiría regalarle una mirada un tanto especial. Entonces me acercaría, utilizando caballerescos ademanes rescatados de algún cuento de ogros, princesas y príncipes; y la saludaría como se saluda a su majestad. Es que yo siempre practico esta clase de acercamiento, ya que uno nunca sabe cuando puede presentarse el día en que un lápiz amarillo gritará presente.
Todo se sucedería sin mayores inconvenientes, una vez ganada su atención y sobre todo su intriga, pronunciaría mis acertadas palabras, “Señorita, quisiera saber si seria tan amable de prestarme su lápiz amarillo, y mas aún quisiera saber si usted me concedería el honor de su compañía, digo yo, a este día nublado quizá le vendría bien que dos pintorescos personajes, como usted y yo, salgan a pintar un poquito el sol. Y quizá si usted me lo permite, podríamos compartir la caja de colores de la que ese inesperado lápiz forma parte, y así pintar nuestras vidas de colores luminosos y juguetones”. Ella, por supuesto, aceptaría encantada, no sin antes dedicarme una amplia y brillante sonrisa de fresa. Entonces, comenzaría nuestra aventura. Así, ella y yo, yo y ella, y por supuesto la caja de colores, recorreríamos el mundo de principio a fin, pintando sonrisas en caras descontentas, coloreando los días grises, dibujando nuevos paisajes, jugándole una que otra broma a los carteles, inventando nuevos caminos de granito magenta. Pintaríamos como locos, y no nos importaría nada más. Y durante las noches, nos refugiaríamos en nuestra casa de arco iris, para dormir entrelazados como solo dos pintores tan pintorescos podrían entrelazarse. Soñaríamos nuevos colores, y al despertarnos, enredados cual luces de navidad en un cajón, nos relataríamos estos nuevos y peculiares colores para inventarlos juntos.
Así, todo seria perfecto. Habría días amarillos, rojos, azules, verdes, días torbellinescos donde todos esos colores se encontrarían, y esos, ¡oh! Esos si que serian los mejores días.
¿Y como empezar a hablar de los días de lluvia?, ocasiones especiales si las hay, cada vez que las gotas comenzaran a caer, correríamos como dos eternos niños, con nuestros lapices acuarelables en mano. Solo para poder teñir cada gota de alguna estrafalaria tonalidad, y así disfrutar del paisaje creado, tirados en nuestro césped más que multicolor.
Siempre, nosotros pintorcitos, con nuestro infinito amor ultra cromático, nos elegiríamos al despertar cada día, y solo dormiríamos para volver a conocernos la mañana siguiente, ya que nunca se sabría de qué color se podía llegar a amanecer.
“Señor, ¿piensa subir?”, “Claro que si señorita, ¿de que otra forma podría yo llegar a mi casa?”. Subí los grises escalones, pronuncié el valor de mi boleto en voz alta, introduje mi metálico y aburrido dinero, y tomé asiento.
Mi lápiz amarillo se alejaba, y yo una vez más, regresaba a mi casa. Quizás algún día pronunciaría las palabras mágicas, o algún otro lápiz amarillo se presentaría, quizás era hora de abrir la inmensa caja de colores que me esperaba sobre el escritorio cada noche y comenzar a pintar mi mundo. Sonreí y eso fue todo.

viernes, 5 de febrero de 2010

.....

pero esa piel fue particular...

hola, me gusta este clima.