"Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio."

jueves, 13 de mayo de 2010

Tapita


Estaba ahí, y yo también andaba por esos lugares cotidianos. Pero ella no estaba en su lugar. No tenía nada que ver su presencia en mi día y menos que menos en mi espera.
Una vez más había salido tarde, tarde siempre tarde. Porque aunque sea temprano los miercoles se encargan, casi como si fuera su único proposito de ser, de pasarme al mundo de los tarde.
Yo ya ni corro para subirme, o al menos intentar subirme al tren. Porque si es miercoles, ya sé que de una u otra forma, algo va a retrasarme. Así que voy en son de paz, y me tomo las cosas como de quien vienen. No por nada los miercoles se llaman justamente miercoles.
Pero no es el punto, porque hasta ahí yo ya había asumido mi realidad, y estaba "bien", entonces ella.
Yo ya me había estado preguntando por ella, ¿donde estaría?, ¿cual había sido su suerte?. Todos los que alguna vez se dirigieron a rendir un examen, y más un examen para el que uno no está del todo calificado, saben muy bien la odisea que esto presupone. Desde descubrir media hora antes que de hecho si, la fotocopía que te parecia sumamente innecesaría es nada más y nada menos que el eje de toda la cuestión, y por supuesto podés tener una fabrica de biromes, pero ese día, todas decidieron tomarse el día.
Mi creadora me profirió el grito salvador, bendita ella que todo lo guarda, todo lo ordena. "En el cajoncito negro, ahí puse tu birome", nunca falla. La birome me esperaba asomandose timidamente en el llamado "cajoncito negro", que de cajoncito no tiene nada. La arranque de su descanso, sin antes notar que había perdido a su compañera, la tapa.
No se en que momento comenzo esta metamorfosis de la que soy victima, antes no me fijaba en cosas de este estilo, pero ya no me gusta verlas sin tapa, me da la sensación de que quizá tienen frio, o peor aún, se sienten un poco olvidadas.
Birome negra, porque cuando uno crece ya no usa tinta azul. Es la forma de revelarse a todos esos años de educación obligatoria, donde usar birome negra te hacía sentir pariente de Judas.
Me la llevé conmigo, siempre pensando en que su tapa había caido en las fauces del tiempo. En fin, llegando tarde, mirando las vias, pensando en las ínfimas posibilidades de viajar como un ser humano, y de repente ahí estaba la tapa.
Ahí tirada en las vias, junto a miles de colillas, algunas botellas y ¿por qué no?, algún que otro papel olvidado.
Pero ella no era su tapa hermana, porque ella era de color azul. Pensé, primero que la gente fuma mucho y yo de hecho yo también. Luego que la gente toma demasiado, y bueno si, yo de hecho también. Y por último, importantísimo, pensé que quizá ella era el alma gemela que mi birome ansiaba encontrar. Pero no se podía, porque la birome habia quedado rezagada al fondo de la mochila, junto con otros artilugios que prefiero no revelar, y la tapita se encontraba ya en el mundo de los trenes.
Por un momento, para nada breve, me imaginé yo audaz heroina, zurcando los aires. Las miradas de los futuros pasajeros clavadas en mi persona, rescatando a la timida tapita de su solitario futuro. Por supuesto, todo esto con el tren resonando a mis espaldas, a segundos inminentes del fin. Pero todo sea por el reencuentro de dos almas que se buscan navegando mares de tinta.
Negro y azul, azul y negro, si, era el destino. Yo podía ayudarlas, yo podía...pero quizá era una contienda demasiado arriesgada, ni siquiera estaba segura si era esa la tapa correcta, ¿y si el tren...?, y que pasaba si despues de todo eran almas gemelas, ¿como iba a despegarlas para escribir?. No, ni pensarlo.
Creo que tuve incluso miedo, y me sentí egoista. Pero mi birome no habia visto la tapita en cuestión, y seguro se estaba divirtiendo mucho con los demás útiles varios. Así que mejor no, mejor no.
Es que a veces uno ya sabe que si salta, no va a poder volver. Porque nadie es gimnasta, y los que se supone lo son, siempre son rusos. Si tan solo fuera rusa, pero no me sucede. Por lo tanto, saltar en reversa no siempre se puede.
¿Y si saltaba?, yo no quería saltar, porque sabía que entonces no me iba a poder despegar ni de la tapa, ni de la birome, ni de las vias, y menos de vos.
Entonces mejor me subo al tren, entonces mejor escribo. Entonces mejor, busco tapas del mismo color, o tapas de otra marca. Bueno, quizá no son las tapas ideales y quizá no son las tapas con las que mi birome sueña cuando mi señora madre la deposita en el "cajoncito negro". Pero son tapas, y a veces uno necesita saber que si salta, ese salto no es mortal.


El veredicto de un anarquista de confianza fue simplemente "Las tapas son para giles". Y si, tiene razón, las tapas son para giles.

martes, 11 de mayo de 2010

Idilio


Amante caprichosa que sos tontita eh!, se ve que nos hacia falta un tiempito de paz para entendernos mejor.
Perdoname las ausencias, ya sé que no te fui a ver nunca más. Pero ya está, ya me desenoje.
Gracias por el entretenimiento, y más gracias aún por la ayuda en la fotocopiadora. Vos si que sabés hacerte querer cuando tenes ganás.

lunes, 10 de mayo de 2010

extraterrenalterrestrevisitante

y sonaban, sonaban una vez más acordes amigos de mis oidos.
Soñaban para mí, si, porque yo los había llamado. Los había invocado pronunciando sus maravillosos nombre de pila, nombres que para mí siempre les quedaron chicos.
Es que siempre suenan distintos, logran sorprenderme de maneras que no podría ni llegar a imaginar. Me atrapan cuando corro y me golpean, me dejan con la primavera rozando mis pies.
Y me decías, ¿Como era lo que me contabas?. Preguntabas más que contarme. Preguntabas ¿te acordás?. No, no lograba recordar. Una promesa que no hice, o que te hiciste y yo simplemente podía imaginar, que no era quien soy cuando lo prometí.
Muchas veces no soy lo que soy, y entonces los recuerdos ya no se quieren dejar recordar. Imposible imaginarlos, es que tan lejana, así, lejana debe ser mi nombre cuando no soy lo que soy.
Igual, aun así, cumpliste con tu promesa. Yo quizá también.
Lejana me había comenzado a invadir, una vez más Lejana. Ay! de repente las palabras ya no sabían hablar.
Y sonaban, sonaban sin descanso y vos me decías que los numeros no son tan malos, y yo que ropa sucia afuera. Y vos que que le hablabas a Lejana, y yo que me gritaba para no alejarme. Gritos, gritaba rubia tarada bronceada aburrida, escuchame alguna vez, prestame atención, esta vez jugas de visitante. Y no, esta vez el barrilete no va a encontrar un viento favorable.

lunes, 3 de mayo de 2010

brillo que te brilla, que me brilla luciernaga.
brillaba el sol, o ¿brillabas vos?