y sonaban, sonaban una vez más acordes amigos de mis oidos.
Soñaban para mí, si, porque yo los había llamado. Los había invocado pronunciando sus maravillosos nombre de pila, nombres que para mí siempre les quedaron chicos.
Es que siempre suenan distintos, logran sorprenderme de maneras que no podría ni llegar a imaginar. Me atrapan cuando corro y me golpean, me dejan con la primavera rozando mis pies.
Y me decías, ¿Como era lo que me contabas?. Preguntabas más que contarme. Preguntabas ¿te acordás?. No, no lograba recordar. Una promesa que no hice, o que te hiciste y yo simplemente podía imaginar, que no era quien soy cuando lo prometí.
Muchas veces no soy lo que soy, y entonces los recuerdos ya no se quieren dejar recordar. Imposible imaginarlos, es que tan lejana, así, lejana debe ser mi nombre cuando no soy lo que soy.
Igual, aun así, cumpliste con tu promesa. Yo quizá también.
Lejana me había comenzado a invadir, una vez más Lejana. Ay! de repente las palabras ya no sabían hablar.
Y sonaban, sonaban sin descanso y vos me decías que los numeros no son tan malos, y yo que ropa sucia afuera. Y vos que que le hablabas a Lejana, y yo que me gritaba para no alejarme. Gritos, gritaba rubia tarada bronceada aburrida, escuchame alguna vez, prestame atención, esta vez jugas de visitante. Y no, esta vez el barrilete no va a encontrar un viento favorable.
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lunes, 10 de mayo de 2010
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