"Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio."

sábado, 27 de febrero de 2010

adestiemposeñor

Así somos, asi estamos, así queremos, sobrevivimos o vivimos o existimos o soñamos, viviendo lo que soñamos, soñando lo que vivimos.
y quizás quiero, quizás no es solo posibilidad, porque es hecho que quiero. Y sí, siento, pena siento de pensar, más allá de pensar, de querer.
Sin razonar, porque solo así podria eliminarlo, de innevitablemente pensar, que me gustaría, gustarias, si existiera un tiempo.
Un tiempo que no fuera el mio, o un tiempo que no fuera el tuyo, tiempo ajeno, tiempo mentiroso.
Tiempo que nos mienta, que nos invite a pensar, no, a creer y no pensar, que existimos al mismo tiempo.
Que mi tiempo es tuyo y el tuyo es mío simplemente por ser tiempo y nada más existe que aquellos minutos inventados.
Y cuando no son inventados?, y si corrieran en realidad?, entonces, solo así se nos escapan. Porque existen, porque importa y porque todos pueden sentir su rapida huida.
No es cobarde, no está mal, no lo está porque en mi no existe, porque en vos no existe un juicio semejante, quizas no existe ningun juicio y eso me lleva a querer creer que creo lo que ese tiempo me puede regalar.
Un viaje con vos, un encuentro oportunamente inoportuno, una palabra demás, una palabra justa aunque injusta con todo lo demás, y un abrazo, si, nada más que un abrazo que me diga lo que no puedo escuchar, porque es mejor a veces naufragar sin palabras que te aten. Y que te explique mis palabras siempre presentes en impacientes escritos, y no dichas, y no claras.
Aunque claras serán, porque llevan tu esencia y la mía, y mi tiempo y el tuyo, y un tiempo que no existe.

Colores *


Un lápiz amarillo, yo sentado, divagando sin rumbo, esperando, y ella, así como quien se cree totalmente inocente, decide amarrar su cabellera con un lápiz amarillo.
¿Acaso pretendía esa señorita volverme loco? Esto no podía ser posible. Además, como si no bastara con el lápiz, parecía que no estaba dispuesta a dedicarme una mirada.
Yo, no sería tan orgulloso como ella, yo si me permitiría regalarle una mirada un tanto especial. Entonces me acercaría, utilizando caballerescos ademanes rescatados de algún cuento de ogros, princesas y príncipes; y la saludaría como se saluda a su majestad. Es que yo siempre practico esta clase de acercamiento, ya que uno nunca sabe cuando puede presentarse el día en que un lápiz amarillo gritará presente.
Todo se sucedería sin mayores inconvenientes, una vez ganada su atención y sobre todo su intriga, pronunciaría mis acertadas palabras, “Señorita, quisiera saber si seria tan amable de prestarme su lápiz amarillo, y mas aún quisiera saber si usted me concedería el honor de su compañía, digo yo, a este día nublado quizá le vendría bien que dos pintorescos personajes, como usted y yo, salgan a pintar un poquito el sol. Y quizá si usted me lo permite, podríamos compartir la caja de colores de la que ese inesperado lápiz forma parte, y así pintar nuestras vidas de colores luminosos y juguetones”. Ella, por supuesto, aceptaría encantada, no sin antes dedicarme una amplia y brillante sonrisa de fresa. Entonces, comenzaría nuestra aventura. Así, ella y yo, yo y ella, y por supuesto la caja de colores, recorreríamos el mundo de principio a fin, pintando sonrisas en caras descontentas, coloreando los días grises, dibujando nuevos paisajes, jugándole una que otra broma a los carteles, inventando nuevos caminos de granito magenta. Pintaríamos como locos, y no nos importaría nada más. Y durante las noches, nos refugiaríamos en nuestra casa de arco iris, para dormir entrelazados como solo dos pintores tan pintorescos podrían entrelazarse. Soñaríamos nuevos colores, y al despertarnos, enredados cual luces de navidad en un cajón, nos relataríamos estos nuevos y peculiares colores para inventarlos juntos.
Así, todo seria perfecto. Habría días amarillos, rojos, azules, verdes, días torbellinescos donde todos esos colores se encontrarían, y esos, ¡oh! Esos si que serian los mejores días.
¿Y como empezar a hablar de los días de lluvia?, ocasiones especiales si las hay, cada vez que las gotas comenzaran a caer, correríamos como dos eternos niños, con nuestros lapices acuarelables en mano. Solo para poder teñir cada gota de alguna estrafalaria tonalidad, y así disfrutar del paisaje creado, tirados en nuestro césped más que multicolor.
Siempre, nosotros pintorcitos, con nuestro infinito amor ultra cromático, nos elegiríamos al despertar cada día, y solo dormiríamos para volver a conocernos la mañana siguiente, ya que nunca se sabría de qué color se podía llegar a amanecer.
“Señor, ¿piensa subir?”, “Claro que si señorita, ¿de que otra forma podría yo llegar a mi casa?”. Subí los grises escalones, pronuncié el valor de mi boleto en voz alta, introduje mi metálico y aburrido dinero, y tomé asiento.
Mi lápiz amarillo se alejaba, y yo una vez más, regresaba a mi casa. Quizás algún día pronunciaría las palabras mágicas, o algún otro lápiz amarillo se presentaría, quizás era hora de abrir la inmensa caja de colores que me esperaba sobre el escritorio cada noche y comenzar a pintar mi mundo. Sonreí y eso fue todo.

viernes, 5 de febrero de 2010

.....

pero esa piel fue particular...

hola, me gusta este clima.

Manifiesto al niño exterior (ok, no se como deberia ser un manifiesti pero intenté)



Alguien me dijo un día de lluvia, “Agradezco, y lo agradezco, ser de esas personas que creen en la magia”. Lo dijo como se pronuncian las grandes epifania, y a mi las palabras me implosionaron como lluvia de mil colores.

Y pensé, que no existe observación más sabia. Agradezco, no se a quien, no se a que, agradezcamos todos nosotros seres de la misma gama de color. Agradezcamos esta forma particular de entender la lluvia, que no es solo agua, que no es inconveniente, lluvia que es para bailar, la lluvia no moja solo te invita a bailar. Sonreír cada vez que nos cruzamos un grupo de niños inmersos en alguna fantasía, ya sea salvar al mundo o luchar contra monstruos imaginarios, porque sabemos que a pesar de la distancia que no son más que años, entendemos perfectamente su universo.

Emocionarnos con el primer día de verano, sentir la energía avasalladora de una carcajada, solos o con otras almas, dejarnos invadir por cada fantasía que grite presente en nuestras mentes. Conocer la fragilidad de un momento de felicidad puro, para no dejar de sonreír ni pretender retenerlo más de la cuenta.

Conocer el significado de mágicas expresiones, expresiones privadas, lenguaje de infantiles almas. Divertirnos con la ridiculez de pretender seriedad, adultez, responsabilidad, reglas y normas de conducta. Inventar las propias reglas, porque esas si que están hechas para romperse, si es posible todos los días, cada instante. Dejar que la marea nos deposite en nuevos lugares, cada vez más inesperados y en consecuencia cada vez más correctos.

No entender aun la insensibilidad de un corazón golpeado, porque si un corazón no envejece sus heridas solo deben acompañarlo, no negarle la vista. Encontrarnos una vez mas, hablando de mas, comentando lo incomentable, porque al igual que un puñado de niños, no entendimos que no siempre se puede gritar lo que se siente.

Jamás negarle a las cosas el caos natural por el que bregan, porque traducir un interior, un caótico, colorido, desorganizado interior, es traducir un mundo propio. En el desorden, en la destrucción, en el mismísimo centro del caos, se encuentra la potencia creadora de la que vivimos. No apresar los recuerdos, ni las risas, ni las palabras que desean escapar de nuestros labios, no apagarnos, no consumirnos. Creer, indudablemente, creer en la magia que se esconde en los rincones mas oscuros, en las señales que nos persiguen si las sabemos encontrar, en la vida que nos invita a su hermosa y estrafalaria fiesta. Ser un poco cronopio, ser del todo cronopio, en este mundo que solo contrata famas. Viajar al revés en autopistas de un solo carril y bailar y correr y saltar y cantar y encontrar un motivo para sonreír en cualquier lugar al que vayamos. Viajar con el alma, viajar con nuestras coloridas alas y manifestar la condición de la que gozamos. Esta condición, esta hermosa enfermedad soñadora, que no nos deja curarnos y de la que yo propongo no curarse jamás.

miércoles, 3 de febrero de 2010


dia gris, me gustan los dias grises tienen mucha energia dando vueltas.

ok, te conozco. Porque me conozco, y ya sé.
Es que me pierdo tanto cada vez que te encuentro. Caminando, transitando, corriendo, volando, depende el día, depende el clima, pero voy; y cuando menos perdida me siento, cuanto mas encontrada me veo, apareces así, como una especie de visión amenazante.
Y yo me pierdo otra vez.