"Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio."

domingo, 28 de marzo de 2010

Welly welly well


Una contradicción, vivo respiro a contradicción. Me dijo “si va a viajar a contramano, ¿para qué un cinturón?”. Usted señor, es que usted no entiende. Si yo no entiendo, ¿como me va a entender usted?. No me malentienda, a mi me hacen falta sus abrazos. A mi me gustaría una caña de pescar, creo que me gustaría alguna que otra navidad. Creo, o me gustaría quizá tenerle fe a mis acciones.
Yo sé que usted me sueña, no me conoce. Y yo lo sueño, lo sueño conciente de mi inconciencia, pero si me gana a veces por un segundo mi realidad, entiendo que lo sueño a pura vigilia. Lo sueño, porque creo que usted podría llegar a curarme, y a mi (¿a quién no?) a veces me seduce la idea de sanar, aunque en el fondo sé que no me quiero curar. Y me veo viajando, cantando, soñando, cambiando, jugando. Usted, ¿quiere jugar?. Yo lo invito. Le regalo mis dados de colores, o mejor se los presto, yo se que algún día va a necesitar devolvérmelos.
Porque sí, porque yo los regalaría con todo gusto, los regalaría a cualquiera que no me pregunte las reglas. Pero resulta, y es un resultado no casual casi causal, que a nadie le gusta vivir jugando. Quizá si les gusta prestarse a un par de turnos, pero engañados comienzan y desengañados se enojan, desengañados se alejan, desengañados por un engaño que no pretendía tal título. Yo señor, yo le aviso, a mi si me gusta vivir jugando. ¿Me gusta? ¿Le gusta a las mariposas vivir un día y morir diez noches?, yo no sé. Quizá es todo lo que ven, es todo lo que saben mirar. No me empuje del tablero, no me quiera robar las fichas, no me despoje de mis turnos. ¿No ve? Es lo que une mi sentir, no quiebre mis sentidos, se lo pido por favor. Si yo no quiero despojarlo de sus corbatas, yo no pido que usted rebautice su expresión. No me pida lo que no se inventar, y menos me lo pida si es que usted sabe que me hace falta inventarlo. Así que yo me voy a dejar arrastrar, y cuando mis pies ya no resbalen, y cuando este camino ya no se deje colorear, entonces usted por favor continúe, y yo, o quizá alguien más le regale un adieu.

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