
Es casi natural en mí no lograr retener por mucho tiempo una ubicación tecnológica determinada. ¡Bienvenidos al mundo de la tecnología!, anuncia un inmenso cartel, similar a aquellos verdosos que llevan dentro, como una macabra contradicción, el final de un viaje (o el comienzo de la llegada).
En fin, creo que una vez más, malinterpreté los mapas, o quizás los mapas simplemente me malinterpretaron. Porque jamás divisé el susodicho anuncio.
Es casi un don, diría yo, me encuentro sucesivamente comenzando un nuevo registro telefónico. Ya que a pesar de haber aceptado, casi como una inevitable condena, tener la certeza de que a ese nuevo aparato telefónico le ha sido brindado, desde el momento en que se depositó en mis manos, un oscuro e incierto futuro; es el día de hoy que no he aprendido el precavido arte de transcribir mis registros a un fiel trozo de papel. ¿Quizás porque no estoy lista aún para aceptar mi naturaleza despreocupada?, ¿quizás porque la acepto de forma tal que sé que el papel también será extraviado?, no lo sé. Quizás solo no tengo ganas de realizar dicha tarea.
De cualquier manera, me sucede, y se evaporan, y con ellos se evapora gente. Pierdo amistades inesperadas, con las cuales solo comparto éste frágil puente numérico, solo que siempre olvido mencionar lo sumamente temporal del mismo.
Sin embargo, cada número, poseía sus propios puentes, algunos fueron recuperados sin mayores hazañas, después de todo, son puentes sumamente necesarios. Sin ir más lejos, los más necesarios decidí grabarlos en mi memoria; ¿Decidí?, bueno en realidad, ellos lo decidieron, presumo que son imborrables.
Pero otros, esos desaparecieron. Me divierte pensar a veces qué sucedería, si todos mis números decidieran volver. ¿Cuántos puentes esperando una orilla encontraría tendidos? Quizás ninguno, quizás me sorprendería, o algún inesperado sentimiento me vendría a reclamar. En fin, no lo sé, dudo algún día saberlo. Pero desde mi costado metafísico, o cósmico, o loco, cualquier palabra es buena, creo que esos puentes decidieron que era momento de abandonarme, que algunos de ellos ya no eran necesarios, o escondían ingratas sorpresas al cruzarlos.
Sea como sea, desaparecieron, y yo al cosmos no le discuto, porque sino se enoja y se pone muy confuso. Porque es jodido nomás lo hace, se divierte un rato mriandome mientras intento descifrar señales inconclusas. Por suerte después volvemos a ser amigos y me ayuda un poquito.
Ahora miro a mi derecha, con la única que se me ha permitido escribir (la izquierda por algún motivo, nunca fue poseedora de una gran imaginación), y le sonrío un poquito a mis números nuevos. No confundamos los tantos, le sonrío a los números, no al estuche que indefectiblemente se encuentra condenado. Y pienso con una extraña convicción, que esta vez, si se van a quedar conmigo un ratito más.
Debe ser porque es un lindo día, o porque tu música (sobre todo esa canción) suena en mis oidos, o debe ser esa palabra que me llegó, muy inusual por cierto, debo decir, tu palabra. Debo haberla escuchado pocas veces en este cuerpo, pero dudo que alguna vez la olvide.
En fín, no sé, algo en estos números me hace sonreír un poquito, o simplemente son mis ansias de cruzar un ratito.



